Conocer a la comida


La alimentación es una necesidad básica y, también, uno de los grandes placeres de la vida. Poder disfrutar de cada bocado es muy importante, pero, para ello, debemos conocer los orígenes de cada cosa que ingerimos. Una campaña para exigir este derecho es lo que propone la iniciativa llamada ¿Sabemos qué estamos comiendo?

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El proceso productivo por el que pasó cada verdura o fruta antes de llegar a nuestra mesa es mucho más importante de lo que podríamos pensar. Las expertas Hebe González de Bóbeda, de Alter Vida, y Soledad Martínez, de Slow Food, nos comentan por qué es tan crucial conocer el origen de cada cosa que consumimos y qué les impulsó para realizar una campaña que promueve una alimentación libre de plaguicidas, así como el correcto etiquetado de cada producto.

La campaña ¿Sabemos qué estamos comiendo? se desarrolla desde marzo a diciembre de este año, tras una iniciativa de varias instituciones y emprendedores preocupados por el uso de transgénicos en alimentos, los plaguicidas aplicados en la producción hortícola, la venta libre en el Paraguay de edulcorantes que están restringidos en otros países, químicos en embutidos y sustancias perjudiciales para la salud en productos que ingerimos todos los días para la alimentación familiar. González explica que uno de los objetivos principales de la campaña es que el consumidor final tenga la información necesaria para decidir conscientemente qué productos elegir.

La profesional señala: “Los productos ecológicos (orgánicos y agroecológicos) no utilizan químicos tóxicos en su producción, por lo que cuidan el medioambiente, el suelo (la tierra), el ecosistema, y la salud de los productores y consumidores”.

Además, indica: “Algunos de los agrotóxicos usados en la producción agrícola tienen efectos crónicos en la salud, ya que son potenciales cancerígenos, afectan al sistema neurológico, entre otros efectos negativos”. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día aumenta la cantidad de muertes relacionadas a enfermedades crónicas no transmisibles, algunas de las cuales son causadas por los agrotóxicos.

Por su parte, Martínez manifiesta que, al crecer en un suelo cuidado naturalmente, se provee a cada fruta o verdura un considerable valor de proteínas, vitaminas y otros elementos que se pierden con el empleo de agrotóxicos, y desaparecen casi por completo con los transgénicos.

“En nuestro país tenemos la ventaja de poder encontrar todavía productos naturales e, incluso, en nuestras casas podemos hacer nuestras propias huertas. Distinguir estos productos en los centros de venta es muy fácil, porque generalmente no lucen ‘perfectos’, no son completamente iguales; estéticamente no son los mejores, porque son el resultado del trabajo de la tierra que se concentra en proveer nutrientes, no en que sean perfectos. Incluso, el sabor es más intenso y característico”.

Los países que más consumen productos orgánicos son Alemania, Francia y Estados Unidos, en los que la alimentación sostenible ya dejó de ser una moda para ser el estilo de vida de miles de personas que prefieren desde alimentos hasta cosméticos y artículos para el hogar con certificación agroecológica. Según un informe de la Federación Alemana de la Industria de Alimentos Orgánicos, en el 2014, las familias alemanas aumentaron en un 4,8 % su gasto en alimentos y bebidas orgánicas, en comparación al 2013.

Esta puede ser incluso una brillante oportunidad para nuestro país, en el que, a pesar del avance de los cultivos mecanizados, la generosa tierra guaraní sigue teniendo excelente calidad y provee nutrientes codiciados por los consumidores extranjeros. El impulso de este tipo de rubros y su exportación podrían representar mejores ingresos y, por consiguiente, una gran mejora en la calidad de vida de los campesinos.

“Los consumidores de este tipo de productos están más sensibilizados con temas ambientales; aspiran y practican hábitos de una mejor calidad de vida, contrarios a modalidades tipo fast food. Su consumo está asociado a uno consciente, que piensa no solamente en generaciones presentes, sino también en generaciones futuras, alimentando mejor a los niños, y cuidando a la tierra y el medioambiente”, dice González.

La profesional expresa que nuestro país los produce principalmente para la exportación a los Estados Unidos y Europa. Los principales rubros son azúcar, sésamo, hierbas medicinales, yerba mate, stevia, entre otros.

Señala también que a nivel local, en la mayoría de los supermercados, podemos encontrar azúcar y yerba orgánica. Hortalizas, frutas, granos, mermeladas, entre otros, con certificación de calidad, también son comercializados por la Asociación de Productores Orgánicos (APRO) a través de envíos a domicilio; así, sin moverse de sus casas, las familias pueden disfrutar productos sanos y deliciosos. El consumidor realiza el pedido y, generalmente, las entregas se realizan al día siguiente.

Productos industrializados

La producción orgánica no se limita a las frutas y verduras; en el mercado local se pueden encontrar también prendas de algodón orgánico de la marca Aratex, aceite para uso gastronómico Prorganica; sésamo, harina de arroz, chía, aceites de sésamo para consumo y cosmética de Bioexport; hierbas medicinales y esencias de la Cooperativa La Norteña, palmito y yerba mate de la marca Chololó y Estancia FD, stevia y té de Granular, sésamo y chía de Shirosawa; azúcar de la Cooperativa Manduvirá, AZPA y otros.

En cuanto a los precios, los productos orgánicos, en algunos casos, pueden tener un costo más elevado. “Los productores esperan una mayor retribución, ya que se trata de un producto de mejor calidad que requiere de una mayor planificación y dedicación para no caer en el uso de agroquímicos”, manifiesta.

Etiquetado

Un factor preponderante para el desarrollo de esta tendencia es la implementación o exigencia del etiquetado de alimentos que tienen componentes que hayan sido genéticamente modificados. Es el propio consumidor quien debe ejercer su derecho de elegir si acepta o no comprarlos. Lo mismo ocurre con los compuestos químicos, como conservantes, resaltadores del sabor y edulcorantes que en otros países hayan sido restringidos o prohibidos. “Las autoridades deben estar actualizadas y controlar los alimentos que consume la población”, finaliza González.

mbareiro@abc.com.py